No esperaba que grupos armados lo bajaran de su único patrimonio. «Es lo único que tengo para salir adelante», suplicó, con la angustia de quien sabe que ese camión es el sustento de su familia y una deuda que aún no termina de pagar.
A los delincuentes no les importó el sacrificio; le prendieron fuego a su herramienta de vida.
Su camioncito, ese que representa años de deudas y madrugadas en la carretera, terminó convertido en cenizas.




